23.6.18

La niña y la pared

Lo mismo toco la batería que hago ganchillo. Una vida random.



Estaba haciendo ganchillo sentada en el sofá mientras veía vídeos de Ter (la descubrí hace 3 días y me tiene fascinada. Vamos, ya me he visto su canal completo y no precisamente porque me interesen las Kardashian ni toda la gente famosa que menciona, más bien por todo lo demás: tiene una cantidad de refencias, una capacidad de conexión de ideas y una forma de transmitir que me ha enganchado). 

El caso es me me levanté, por levantarme, ya sabes, por aquello de cambiar de postura y moverme porque el sofá y mi culo empezaban a fusionarse demasiado (aquello de que dos cuerpos realmente nunca están en contacto porque los electrones de uno y otro se repelen estaba dejando de cumplirse y ¿quién soy yo para cargarme una teoría de la física tan importante como esa?: nadie. 

Todo este rollo para decir que pasé por delante de una mis plantas y me fijé en que una de las hojas nuevas que está naciendo, lo está haciendo apoyada en la pared. Es una Monstera deliciosa que cada día está más enorme. Yo soy un poco maniática y no me gusta que las plantas estén en contacto con las paredes. Vamos, que les doy espacio para que crezcan de forma óptima.

O de lo que yo considero óptimo.


A esto voy. ¿A caso las plantas en la naturaleza crecen sin estar en contacto con nada más?

¿Qué tontería tengo yo en la cabeza? Obviamente no. Crecen junto a árboles, trepando por vallas, entre las juntas de las aceras, en las grietas de los muros, levantan pavimentos y esquivan obstáculos.

Y yo preocupada porque dos hojas rozaban la pared. ¿Qué te parece?

Pero lo más importante de todo esto es la conexión inmediata que ha hecho la imagen de la hoja creciendo junto a la pared y yo.

Llevada por esa absurda idea de lo óptimo, siempre he pesando, hasta hace un minuto, que yo nunca podría crecer correctamente, de forma óptima, por mi pasado, por mi infancia, por mis problemas familiares, por todo lo que he tenido que pasar en mi vida… por no haber tenido un entorno óptimo. Siempre he tenido la sensación de haber crecido “torcida”, diferente, y que eso me convertía en un ser en desventaja. Que nunca sería una personal “normal”.

Pero… ¿cuántas personas crecen en entornos óptimos? ¿cuántos padres se preocupan y consiguen que sus hijos “no tengan hojas creciendo junto a la pared”?

Y lo más importante: ¿Es a caso mejor o, más allá, deseable ese entorno óptimo? ¿Lo es uno natural?

P.d.: Que estoy yo pensando... Hay que ver lo listas que son las plantas. Y no sólo porque crecen a pesar de lo que se les ponga por delante si no que, las cambias de sitio y en lugar de deprimirse porque ya no les llega la luz por el mismo sitio, cogen y giran las hojas para captarla. Así, sin quejarse ni nada. ¿Cómo te quedas? Yo aspiro a tener la inteligencia emocional de las plantas. Admirable, oye.



No hay comentarios:

Publicar un comentario