
Érase una vez una niña que vivía en un barrio
a tomar por culo de to a las afueras de la ciudad. Y digo a las afueras porque tener un camino de
cabras tierra delante de la puerta y vistas a una vaquería no debía de ser algo muy céntrico.
Aún así, los Reyes Magos fueron a visitarla (sí, los Reyes Magos... que hoy es el día de Reyes, ¡eh!). La verdad que no fueron todos, sólo uno.
Eso sí, “era un Rey de verdad”.
Tendría
yo la niña aquella unos dos o tres tiernos, inocentes y dulces añitos cuando, ya entrada la noche, alguien tocó al timbre. En brazos de su mamá, fueron a abrir la puerta y...
... recuerden que vivían en un barrio
a tomar por culo de to a las afueras de la ciudad y eran otros tiempos...
... y el caso es que no había luz en la escalera....
fueron a abrir la puerta y... no había nadie... ¿o sí?... ¡oh!... había un par de ojos flotando en el espacio.
Mi madre la madre de la niña encendió una lamparita que había en el pasillo y, de repente, apareció toooooodo un hombre alrededor de esos ojos enormes y blancos.
¡Era el Rey
Basaltarysecayó Baltasar! ... como dirían algunos: IM-PREZIONANTE, oiga.
¡Pero es que era el de verdad!
Tras llorar un poco por
el susto de toparse con un pedazo de negro en la oscuridad la sorpresa Real, la niña accedió a coger unos caramelos de la mano de Baltasar y... jejeje... lo que yo os decía: ¡era
un negro auténtico porque no le desteñían las manos ni la cara Baltasar de verdad!
(La que aquí publica no se responsabiliza de las asociaciones mentales que algunos lectores puedan hacer entre “Baltasar” “negro” “barrio a tomar por culo de to a las afueras de la ciudad”. Fuentes cercanas a la familia de la niña nos informaron de que sus Majestades Melchor y Gaspar andaban por el vecindario también).
El caso es que los Reyes Magos ya no volvieron. Supongo que al cambiar de casa nadie les dió la nueva dirección. Tal vez intentaron entrar por la ventana
con rejas de hierro, o por la chimenea
aún con brasas al estilo Gordo Noel, o por la puerta
con la alarma ON. El caso es que la
jodia niña
cada vez se lo ponía más chungo y ya no los volvió a ver.
A lo mejor pasa como con el cometa Halley, que sólo lo ves una vez en la vida.
Pero anoche, una que es precabida, se dejó una onza de chocolate en la mesita y, dada la mala memoria que la caracteriza, esta mañana se llevó la gran sorpresa al verla ahí esperando a ser devorada.
Cada cuál tiene sus tácticas de autoengaño. Vosotros también, que lo se yo ; )
Besitos y cosas, como siempre, AL.